Desde mediados de noviembre no me había parado a escribir en el blog; con la entrada del nuevo año, me he hecho el firme propósito de intentar mantenerlo más al día, no solo por mí, sino por todos los animales que pasan por mi casa o por la Protectora, porque todos ellos necesitan que se les dé a conocer, llegar a todo el mundo por todos los medios habidos y por haber… Ahora, en el tercer día de este año, he dedicido dedicar mi primer post del 2009 a los dos últimos inquilinos que tuve en casa: Carmen y Samuel.
Carmen, una siamesa ciega preciosa, encontrada más muerta que viva en medio de una plaza por donde siempre pasa gente, solo una alma buena fue capaz de detenerse cerca, apiadarse de ella y hacérnosla llegar a la protectora. En seguida vino a casa, necesitada del amor y del cariño del que algún desgraciado le había privado; no solo fue abandonada sino que ademá había recibido un fuerte golpe en la cara que le había desplazado ligeramente la mandíbula y que, con toda seguridad, le había provocado la ceguera que ahora tendrá durante toda su vida.
Carmen ha salido a delante con todo mi esfuerzo y su valor y, como no, sus ganas de vivir. La ceguera no le ha impedido luchar por continuar con su vida, lo único que la ha convertido en una gatita más tranquila -inevitablemente-, haciendo de ella una compañera ideal para quien no quiera el alboroto de una joven cría.

Actualmente está en casa de unos familiares que se han decidido a adoptarla y sé de buena tinta que está muy bien atendida y que ahora tendrá todo lo que un día le arrebataron, por fin Carmen ha encontrado un hogar…
Y Samuel. Este gatín tiene una historia tremenda; habrá quien piense que exagerando las vidas de estos animales que sufren el abandono conseguimos algo… Ojalá, de veras, si así se ablandaran más corazones conseguiríamos que se adoptaran todos, pero no es así: ni exageramos ni el número de adopciones se dispara, increíble, ¿verdad? Es una pena, pero es así; todas las historias que os contamos son tan ciertas como la vida misma, y aunque es duro, hay que reconocer que son ellos, nuestros protagonistas, los que sufren verdaderas atrocidades…
Samuel, gatín atigrado de cinco meses, que aparenta solo tres porque debido a la falta de alimento, su cuerpo echó mano de sus reservas musculares convirtiéndole en lo que mi compañera llama cariñosamente en un gato bonsay. Samuel nació en la calle, fue uno de tantos y tantos cachorros que nacen al amparo de la noche, que tuvo con seguridad más suerte que sus hermanos y consiguió salir adelante en los primero meses de vida, pero que aunque no sufrió el abandono, sí el maltrato: recibió un fuerte golpe, posiblemente un pisotón o una buena patada en la cadera que lo dejó inmóvil de medio cuerpo para atrás, y así sobrevivió en la calle, malherido y sin poder moverse hasta que una compañera de la protectora lo encontró. El periplo de este pobre no acabó aquí porque se vio envuelto en una serie de aventuras hasta llegar a casa que no hicieron más que empeorar su estado y apagar un poco más su vida. Cuando llegó aquí no era más que un saquito de huesos, tremendamente atemorizado y que parecía haber abandonado toda esperanza, en sus ojos solo se reflejaba la espera del temible destino de la muerte. Estaba encogido y helado, pero eso no era lo peor: al tercer día, en el que no se movía apenas, mientras le daba de comer con una jeringa, una herida oculta en el pelaje se abrió y empezó a supurar, era una herida enorme que dejaba al descubierto su músculo… Fue entonces cuando entendí ese apagamiento que tenía. Gracias a la cura que le hizo Susana, nuestra salvadora
, y a unas ganas repentinas de luchar, Samuel salió adelante, sí, vive y la verdad es que me siento parte de esa vida.
Samuel empezó a recuperar la sensibilidad en sus extremidades, a andar casi sin cojera, a comer con ganas, a ronronear… en fin, a ser feliz.

Samuel fue adoptado el viernes 26 de diciembre por una joven pareja. Agradecer a Rocío, su mamá adoptiva, todo el cariño que demostró hacia él desde el primer momento en que lo vio, por no importarle las dificultades que aún le quedan a Samuel por superar, por adoptarlo y darle todo lo que merece.
Lo hermoso del voluntariado es poder contar los finales felices…