Archivo de Noviembre 2008

Cuando son los tuyos…

Noviembre 18, 2008

Parece mentira que hayan pasado ya cuatro semanas… ¡un mes! Un mes entero con la incertidumbre, con el miedo diario de levantarme y encontrarme a mi pequeño en las últimas, y es que cuando son tuyos los que sufren, el dolor no es distinto.

Peque llegó a casa en acogida y su inmensa dulzura, sus ojos tiernos, todo, me gustó todo de él todo y no tuve más remedio que adoptarlo. Desde entonces, y van a hacer ya 6 meses, Peque se ha convertido en mi mejor ayudante: yo acojo y él socializa. Siempre se hace amigo de todo el que llega a casa, ya sea grande o pequeño, macho o hembra, Peque siempre lo convierte en su compañero de juegos, duerme con él, come con él…, eso sí, sin descuidar a su hermana mayor, Gris, con quien comparto mi cariño.

Desde el primer momento de su llegada tuvo problemas con las cacas, el día que hacía una bien casi había que celebrarlo, y es que este gatín vino ya de serie con problemas intestinales. Hace un mes empezó a hacer las cacas blandas y pensé que sería un nuevo episodio de diarrea, pero en esta ocasión se podía ver el tercer párpado y fueron, sobre todo, las palabras de Susana las que me pusieron en alerta: “A este gato le pasa algo”, y eso solo al verle el tercer párpado… ¡Me queda tanto por aprender!

Y a partir del día siguiente empezó nuestro calvario. Hacer las cacas completamente líquidas, oscuras, a no controlar su salida, a vomitar, a perder hidratación, a comer menos… En cuestión de unos pocos días parecía que mi Peque empezaba a consumirse, a encogerse, estaba atemorizado todo el rato, dolorido, con su culillo en carne viva y le dolía tanto… A él y a mí, porque no saber qué le pasaba, ese padecer, ese sufrir, verlo así y no poder hacer nada, la impotencia del que todo lo ignora, me provocaban una angustia terrible.

Tanto fue así, que hasta Rosa nuestra veterinaria, también se llevaba a casa el caso de Peque y lo consultaba con sus colegas al ver los resultados de las analíticas; aún recuerdo el momento en que me explicó con toda la calma que la caracteriza (la misma que precedió a la tempestad) los resultados: podían ser taaaantas cosas que al mencionar entre otras PIF, se me cayó el alma al suelo, recordé a mi pobre Dino y estallé en lágrimas confundida por todo lo que se movía en mi cabeza:

Fue culpa mía, murió por mi culpa, tardé demasiado en traérselo a la veterinaria…

Se han contagiado, mis gatos se han contagiado y también los perderé…

Tengo tanto miedo…

Muchos sentimientos se agolparon en mi cabeza y solo podía llorar, miraba a Peque y lo veía encongido al fondo del trasportín… El corazón se me encogió y se me agotó el llanto, solo me quedó silencio y esperar que el tratamiento hiciera su efecto.

Hemos necesitado casi 10 días hasta ver resultados claros. Peque por fin ha vuelto a jugar, a comer con ganas, incluso ha cogido peso, de hecho, creo que le ha cambiado hasta la cara :-)

Todo el tiempo que él ha padecido, también lo he padecido yo.

Todo lo que él ha luchado, también lo he luchado yo.

Cuando son los tuyos los que lo pasan mal, sufres mucho porque el vínculo que se crea entre ambos es más fuerte que la vida misma; cuando son de acogida… sufres igual, lo sé porque el miedo que he sentido durante este tiempo era del mismo calibre que cuando Dino se fue. Esta vez no podía permitirme cometer el más mínimo error.

Peque

P.D. Mil gracias a Susana por levantarme el ánimo de debajo del suelo, por secar mis lágrimar y agotar mi miedo y otras tantas a Rosa porque ha luchado lo que no está escrito. Es por vosotras que Peque sigue a mi lado. GRACIAS