Por fin… He dejado de sentir esa punzada en el corazón, he dejado de sentir dolor. No entiendo porqué Susana, mi nueva mamá, me aprieta así contra su pecho, no deja de llorar… Mamita mía, ¿por qué lloras?
He dejado de sentir miedo desde que llegué aquí, todo cambió de color, ahora tengo el calor de alguien que me quiere, que me cuida, que da comida y camita caliente, ahora me siento como en casa, pero… estoy taaaan cansado. Estuve demasiado tiempo en la calle, escondiéndome de aquellas manos grandes y tacto duro que se empeñaron en dejarme solo, en plena noche. Llevaba días sin comer, sin beber nada, solo, muerto de miedo, de calor, de nostalgia. Nunca había tenido esta terrible sensación, tampoco entendí porqué mi mamá no vino a por mí, anduve un tiempo buscándola a ella y a mis hermanos, los llamé con todas mis fuerzas, pero no obtuve respuesta. Estaba tan cansado que me rendí al sueño.
Cuando ya había perdido toda esperanza alguien me recogió de la calle y me llevó a un edificio grande a las afueras de Ciudad Real. Podía oír los ladridos de los perros antes de llegar, y sentí terror, me encogí y volví a pensar en lo único que me consolaba, en mi familia. Al poco rato, una señora muy simpática que no paraba de decir lo guapo que soy, me llevó con Susana.
Desde el primer momento en que la vi supe que había encontrado mi hogar porque lo primero que hizo fue ponerme nombre, Manolo, yo nunca había tenido nombre… Me cogió en sus brazos y empezó a tocarme por todas partes; la verdad es que estoy bastante canijo y despeluchado, pero hacía mucho que no comía y que nadie me cuidaba; a parte de lleno de bichos, pero estaba tan cansado que apenas tenía ya fuerzas para rascarme. En seguida me limpió con todo el mimo del mundo, sin dejar de decirme cosas bonitas, y no sé si fueron sus caricias o su voz tan dulce lo que consiguió que al fin me relajara y dejara de sentir temor.
Durante los días que he vivido con ella, se ha empeñado en que comiera, pero estaba taaaan cansado. Llegaba de trabajar y después de atender a mis hermanos, me cogía entre sus manos y me alimentaba despacio, con una paciencia infinita.
Hoy por fin he dejado de sentir dolor. ¿Por qué no deja de llorar mi nueva mamá? Ya, ahora lo entiendo, ahora sé porqué ya no siento dolor ni miedo ni nada, no siento nada… He muerto, no he sido capaz de superar este cansancio, y lo siento.
Lo siento porque Susana lo ha intentado todo, porque sin conocerme ha querido darme la vida que me arrebataron.
Te quiero mamita mía porque has sabido quererme y cuidarme como nadie, porque me has dado una oportunidad, porque lo has intentado como nadie, incluso más que yo. Siempre te llevaré en mi corazón, y ahora me voy, me despido.
Te quiero.
Dedicado a Manolillo, que nos dejó, y a Susana, por darle la oportunidad a este pequeñajo y a otros muchos que han tenido mejor suerte…

